En el norte de la India la pobreza afecta a uno de cada tres habitantes en algunos estados. Los cristianos en las regiones septentrionales pertenecen en su mayoría a la casta de los paupérrimos dalits o a grupos tribales. Los indios son un pueblo profundamente espiritual, pero hoy en día hay grupos radicales que amenazan a los cristianos; en algunos lugares atacan sus escuelas, tratan de crear un ambiente hostil contra ellos y presentarlos como enemigos de la sociedad india. La libertad religiosa garantizada por la constitución en la India está en peligro. Por otro lado, los más pobres entre los pobres, en concreto los dalits y las poblaciones tribales, descubren en el cristianismo una religión que les libera de su aislamiento en la sociedad y les ayuda a descubrir su dignidad como hijos de Dios

Qué supone ser dalit

El término dalit, utilizado anteriormente en el sentido de “intocable”, significa “oprimido” o “roto”. Los dalits ocupan el estrato inferior en el rígido orden social de la India conocido como sistema de castas. Es más, están tan abajo en la jerarquía social que se considera que están fuera del sistema de castas; son, literalmente, “parias”. Se piensa que deben realizar tareas consideradas demasiado serviles o degradantes para que las realicen miembros del sistema de castas, como retirar los excrementos humanos o los animales muertos. Doscientos cuarenta millones de indios (casi una quinta parte de la población de la India) son dalits.

La Constitución india contiene una referencia al principio de igualdad y prohíbe la discriminación en el empleo y la educación. Sin embargo, sigue existiendo la discriminación social por casta en gran parte de la India. Los dalits sufren a diario segregación y discriminación, además de violencia y abusos por parte de los miembros de las castas superiores. La mayor parte de los trabajadores en régimen de servidumbre de la India son dalits. Las mujeres y niños dalit son especialmente vulnerables al abuso sexual y la prostitución forzosa.

Consecuencias de la conversión al cristianismo

Entre el 60 y el 70 % de los 29 millones de cristianos de la India son dalits. A ellos, etiquetados como “parias”, que llevan siglos soportando discriminación y humillación en su vida diaria, el mensaje del cristianismo les trae la salvación. Les supone un alivio casi increíble descubrir que hay un Dios que sufrió, como ellos, y que llama de una forma especial a los más pobres de su comunidad como hermanos en Cristo. Esta fe conduce a una transformación. Los dalits se sienten más fuertes cuando entran a formar parte de una comunidad. Sin embargo, cuando deciden convertirse al cristianismo, se ven sometidos a un sufrimiento aún mayor en sus ya difíciles vidas, porque como cristianos, se enfrentan a nuevas formas de exclusión y acoso.

La mayoría de los católicos del norte y en partes del este de la India, en su mayor parte dalits, vive en condiciones lamentables. Como trabajadores en régimen de servidumbre y sin tierra, apenas ganan lo suficiente para sobrevivir. Cuando contraen deudas con sus terratenientes y empleadores, quedan reducidos a poco más que una absoluta esclavitud. Los esfuerzos que realiza de forma oficial el Estado de la India para fomentar que establezcan pequeños negocios, introducir pensiones de viudedad y otras prestaciones similares son totalmente inadecuados y con frecuencia acaban convirtiéndose en canales de corrupción. Viven muy por debajo del umbral de la pobreza, obligados a residir a las afueras de los pueblos en cabañas de barro o paja, totalmente segregados de las casas de los miembros de las castas superiores. En algunas zonas tienen vedada la entrada a ciertos templos, beber en los pozos públicos, e incluso asistir a los colegios, porque en esta región el sistema de castas sigue profundamente arraigado. Al profesar su fe cristiana, los dalits pierden todo derecho oficial a las ayudas sociales del Estado. Las mujeres sufren una discriminación aún mayor y no tienen el más mínimo poder decisorio ni en cuestiones que les atañen personalmente. Están completamente a merced de sus padres, maridos e hijos.

“Como Iglesia que somos, tenemos la responsabilidad de preocuparnos aún más por este pueblo y de contribuir día a día a su crecimiento espiritual a la vez que a su desarrollo humano en general”, afirma una hermana que trabaja con mujeres en el estado de Bihar, al nordeste de la India. Cuando descubren el cristianismo, los dalits empiezan a comprender su dignidad humana como hijos de Dios. Descubren una nueva forma de ver la vida a través de la lectura del Evangelio y al ser recibidos en una comunidad de amor. Ya no volverán a ser “parias”; forman parte de la Iglesia universal. Pero también se ven expuestos a mayores injusticias, discriminación e, incluso, violencia. La India, conocida por ser un país cuya población respeta la espiritualidad, se ha visto sacudida en los últimos tiempos por grupos extremistas que niegan a los cristianos y a otras minorías religiosas el derecho a vivir y practicar su religión en libertad.

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